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lunes, 30 de abril de 2012

El Libro de Malaquías


San Malaquías
Malaquías es un libro del Antiguo Testamento en la Biblia Cristiana y de la Tanaj en la religión judía, escrito por el profeta Malaquías. El libro de la colección de los Doce Profetas Menores y también el último libro de la Biblia Hebrea se atribuyen comúnmente a un profeta de nombre Malaquías. Aunque el apelativo Malaquías ha sido considerado generalmente como un nombre propio, su significado es, en hebreo, "mi mensajero" es decir el mensajero de Dios. Existe un debate sobre la identidad del autor del libro. En el Talmud se identifica a Malaquías con Mardoqueo y en el Tárgum de Jonathan o Tárgum de Jerusalén se le identifica con Esdrás. San Jerónimo opinaba que esto último era debido al hecho de que los judíos veían a Esdrás como un intermediario entre los Profetas y la Gran Sinagoga. No hay, sin embargo, ninguna evidencia que apoye esta tesis.

Algunos eruditos observan afinidades entre la segunda parte del Libro de Zacarías y el Libro de Malaquías. En efecto, Zacarías 9, Zacarías 12 y Malaquías 1, empiezan con las palabras "Oráculo. Palabra de Yahvé". Algunos eruditos mantienen que esta colección estaba formada originalmente por tres profecías independientes y anónimas. Dos de ellas fueron añadidas al Libro de Zacarías formando lo que ellos llaman el Deutero-Zacarías o Segundo Zacarías y la tercera profecía es el actual Libro de Malaquías. Por tanto el Libro de Malaquías sería la obra de un autor quien podía ser identificado por el título de Malaquías («mi mensajero»).

La actual división de los oráculos del Libro de los Profetas Menores en doce partes presenta un paralelismo con los doce hijos de Jacob que fueron los patriarcas de las doce tribus de Israel.

Nada se sabe de la biografía del autor del Libro de Malaquías aunque se ha sugerido que era un levita, lo cual es curioso teniendo en cuenta que Esdrás fue un sacerdote judío. Aunque la teoría de que Esdrás fue el autor del Libro de Malaquías es discutible, no hay ninguna otra teoría que sea dominante.

No hay muchos detalles históricos en el Libro de Malaquías. El más importante para fecharlo está en el uso de la palabra gobernador (pehâ) en el versículo 8 del Capítulo primero: "Y cuando presentáis para el sacrificio una res ciega, ¿no está mal? Y cuando presentáis una coja o enferma, ¿no está mal? Anda, ofrécesela a tu gobernador: ¿se pondrá contento o te acogerá con agrado?, dice Yahveh Sebaot." El Libro de Malaquías era conocido por el autor del Eclesiástico, quien menciona a los "doce profetas" en 49-10. Por estas razones y los temas del libro, la mayoría de los eruditos le asignan una fecha de composición en torno al 460 a. C., entre los libros de Ageo y Zacarías y un poco antes de que Nehemías llegara a Jerusalén en el 445 a. C.

El Libro de Malaquías trata directamente, y al parecer de primera mano, de los abusos en la gestión del recién restaurado Templo de Salomón. Por eso, fue escrito casi con absoluta certeza en Jerusalén. Se divide en tres capítulos en la Biblia Hebrea y en la Septuaginta, mientras que la Vulgata lo divide en cuatro.

Debe observarse que la mayoría de los eruditos consideran que el libro está compuesto de seis oráculos distintos. De acuerdo a este esquema, el Libro de Malaquías consiste en una serie de disputas entre Yahvé y los distintos grupos de la comunidad israelita.

El Libro de Malaquías recoge varios temas de otros libros del Antiguo Testamento. Malaquías recurre a la historia de la rivalidad entre Jacob y Esaú y a la elección de Jacob por Yahvéh contenida en el libro del Génesis. Malaquías recuerda a su audiencia que, como descendientes de Jacob, han sido y continúan siendo favorecidos por Dios como el Pueblo Elegido. 

En la segunda disputa Malaquías advierte a los sacerdotes que ofrecen sacrificios inaceptables recordando el Código Deuteronómico.

En la tercera disputa (relativa al divorcio y al repudio), el autor intenta probablemente que su argumento sea comprendido a dos niveles. Malaquías ataca la práctica de divorciarse de esposas judías en favor de las extranjeras (una práctica que Esdrás vehemente condenó) y alternativamente parece condenar la práctica de divorciarse de mujeres extranjeras ("La esposa de tu juventud") en favor de esposas judías (una práctica que Esdrás promovió). Malaquías parece inflexible con la idea de que la nacionalidad pueda ser una causa valida para terminar el matrimonio ("Pues yo odio el repudio, dice Yahvé Dios de Israel").

En la cuarta cuestión asegura que el juicio llegará en forma de un mensajero que es "fuego de fundidor y lejía de lavandero", Dios se hará presente y juzgará a los hechiceros, adúlteros, los que juran en falso, los que oprimen al jornalero, a la viuda y al huérfano y los que agravian al forastero.

En la quinta cuestión amonesta a los que defraudan en el pago del diezmo y ofrece al pueblo la posiblididad de enmendar su conducta y entonces Yahvéh "abrirá las esclusas del cielo y derramará la benéfica lluvia."

En la sexta cuestión, el pueblo de Israel manifiesta su desilusión. Malquías les hace decir: "Es inútil servir a Dios... Más bien hemos de felicitar a los arrogantes, que aun haciendo el mal prosperan y aun tentando a Dios escapan impunes". De nuevo Malaquías hace que Dios afirme que el malvado será castigado y el justo será recompensado.

En el Apéndice, a la luz de lo que Malaquías considera un juicio inminente, exhorta a su audiencia diciéndoles: "Recordad la ley de mi siervo Moisés y las normas y preceptos que le dí en el Horeb para todo Israel." Antes del día del Señor, Malaquías declara que Elías (quien ascendió a los Cielos en un carro de fuego) volverá a la Tierra para "reconciliar a los padres con los hijos, y los hijos con los padres."

Aunque la mayoría de los cristianos creen que las profecías mesiánicas del Libro de Malaquías se han cumplido con la vida, ministerio y resurrección de Jesús, la mayoría de los judíos esperan la venida del profeta Elías.

La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, cuyos miembros son conocidos popularmente por el apelativo de Mormones, enseña que el profeta Elías se apareció a Joseph Smith, fundador de esa iglesia, el 3 de abril de 1.836, la Pascua de ese año, cumpliéndose así la profecía de Malaquías.

- Fuente: Wikipedia. La enciclopedia libre

jueves, 5 de abril de 2012

La Ascensión de Jesús

La Ascensión de Jesús
Solo Lucas, entre los cuatro evangelistas canónicos, comenta el episodio de la Ascensión de Jesús; el resto se limita a comentar que Cristo resucitado está en el Cielo. Pero, ¿Se puede dar crédito a esta historia? En realidad, en el Antiguo Testamento abundan las ascensiones a los cielos, y Jesús no podía quedarse sin un final de este tipo. Evidentemente, la Ascensión de Jesús tiene un antecedente en el Libro de Elías y en la historia de Enoc, quien ascendió a los cielos cuando tenía 365 años de edad (?). Así, todo hace pensar que la Ascensión de Jesús se trata de una leyenda tardía, basada en el Antiguo Testamento, que a su vez basó sus historias en episodios sumerios y acadios.

Para muchos teólogos y cristianos con una concepción mas transpersonal de Jesús, esta versión de la Ascención es totalmente precaria, pues creen que los Apóstoles, especialmente Lucas, no asimilaron correctamente el concepto inmortalidad de Jesús al no entender su muerte y resurrección mas allá de lo dogmático y dentro de conceptos mas espirituales y transpersonales. Por tal motivo, Lucas se encuentra con la necesidad de crear la leyenda de la Ascensión, una forma visible de desaparecer.

En los Manuscritos de Nag Hammadi encontramos la Ascensión del Salvador en el Apócrifo de Santiago, en el que los Apóstoles tienen la pretensión de verse inmersos en la ascensión y poder irse con Jesucristo al Cielo. En la Ascensión de Santiago intervienen ángeles y hay estruendo de trompetas, relatando lo siguiente: «Oímos con nuestros oídos y vimos con nuestros ojos el estrépito de combate y un son de trompeta junto con un gran tumulto. Y cuando superamos ese lugar, elevamos nuestro intelecto todavía mas y vimos con nuestros ojos y oímos con nuestros oídos cánticos y loas de ángeles y un regocijo angélico, y poderes celestiales cantaban himnos y también nosotros nos regocijábamos. Después de esto, también hemos querido levantar nuestro espíritu hasta aproximarse al Poder y, elevados allí, no se nos permitió ver ni oír nada».