miércoles, 23 de mayo de 2012

Bestiario Medieval: El Basilisco


Representación de un Basilisco del siglo XVI

El Basilisco (del latín basiliscus, y éste del griego basilískos: «pequeño rey») era un ser mitológico creado por la mitología griega que se describía como una pequeña serpiente cargada de veneno letal y que podía matar con la simple mirada, que consideraban el rey de las serpientes. Posteriormente se lo ha representado de diversas maneras siempre con características reptilianas.

En el siglo VIII, el Basilisco era considerado una serpiente dotada de una cresta con forma de corona o mitra en su cabeza, siendo el animal en sí de tamaño variado. Supuestamente, el Basilisco nacía de un huevo de serpiente o sapo empollado por una gallina, lo opuesto al Cocatriz, que según se decía nacía de un huevo de gallina empollado por un sapo. Más tarde, sin embargo, los rasgos de ambas criaturas comenzaron a ser indistinguibles.

Según Plinio el Viejo en su Naturalis Historia, el Basilisco era oriundo de Cirene, y no medía más de 20 dedos de longitud. Poseía una marca blanca en la cabeza que se asemeja a una diadema. Además del poder de matar con la mirada, su influencia era tan nociva que su aliento marchitaba la flora del entorno y resquebrajaba las piedras. Los únicos métodos seguros de matarlo era con el canto del gallo, el cual aterrorizaba al Basilisco, o con una comadreja, la cual era el único animal capaz de vencerle con su olor, si bien al coste de morir también ella misma.

Isidoro de Sevilla definió al Basilisco como el rey de las serpientes, debido a su mirada letal y a su aliento venenoso. Beda el Venerable fue el primero en asentar la leyenda del nacimiento del Basilisco de un huevo de gallina, rasgo con posterioridad usado para la Cocatriz. Alexander Neckam fue el primero en especular que esta criatura no mataba con la mirada, sino por la "corrupción del aire" que su aliento generaba, una teoría también desarrollada por Pietro d'Abano

Teófilo Presbítero da una larga receta en su libro para crear un Basilisco a fin de usarlo para convertir cobre en "oro español" (de auro hyspanico).

Según recoge Pierre de Beauvais en su Bestiario de 1.206, nace a partir de un huevo deforme, puesto por un gallo al llegar éste a la edad de 7 años, incubado por un sapo durante 9 años; por lo tanto al nacer guarda todas las características de sus progenitores, cabeza de gallo, cola de serpiente y cuerpo de sapo. Otra manera de nacer (probablemente la más aceptada) es que nace de un huevo puesto por un gallo e incubado por una serpiente y se dice que nace con cuerpo de gallo, lengua de serpiente y cresta.

El Basilisco vive en el desierto que él mismo crea al romper piedras y quemar el pasto. Esto sucede ya que el Basilisco exhala fuego, seca las plantas y envenena las aguas. Sin embargo, su característica más distintiva sería su capacidad de matar con su mirada. De este modo se dice que quien mirara a los ojos de un Basilisco, moriría y si lo ve por un reflejo quedara petrificado; pero si el Basilisco se veía reflejado en un espejo , se mataba a sí mismo. Algunas leyendas dicen que, así, Alejandro Magno mató a uno. Se decía también que un Basilisco moría cuando oía el canto de un gallo, que para él era mortal, o se topaba con su principal enemigo, la comadreja. También se dice que un caballero fue en busca de Basiliscos porque había una plaga en su país, así que se puso una armadura de espejos y mato a todos los Basiliscos y lo nombraron el Caballero de los Espejos.

Más tarde, en la Edad Media, pasa a ser un gallo con cuatro patas, plumas amarillas, grandes alas espinosas y cola de serpiente, que podía terminar en garfio, cabeza de serpiente o en otra cabeza de gallo. Hay versiones de esta criatura mitológica con ocho patas y escamas en vez de plumas.

Como la mayoría de las bestias mitológicas, el origen del Basilisco se pierde en el tiempo. Las culturas antiguas dejaron algunas muestras de la creencia en él y otras serpientes monstruosas en las artes, pero es en la tradición escrita donde mejor se puede seguir su trayectoria y evolución.

Los egipcios creían que el Basilisco nacía de los huevos de Ibis. En el Antiguo Testamento podemos encontrar siete referencias al Basilisco, en cuatro libros distintos. Hasta el siglo I d. C., es visto como una serpiente excepcionalmente dañina, pero físicamente no difieren mucho de otros ofidios. Es importante reseñar que los conocimientos de Zoología permitieron que la mayoría de la gente, incluyendo élites y eruditos, creyeran en esta clase de criaturas hasta bien entrado el siglo XVIII.

En Naturalis Historia se describe al Basilisco de Cirene como una pequeña serpiente (de no más de doce dedos de longitud) con tanto veneno que iba dejando un reguero tras su rastro, y que era capaz de matar con la mirada. Su única debilidad era el aroma de una comadreja que era capaz de matarlo.

En la tradición grecolatina se distingue claramente entre el Basilisco y el Catoblepas, cuadrúpedo de pesada cabeza que mata al que mira sus ojos, y al que citan, entre otros, Claudio Eliano, Ateneo y Arquelao entre los griegos, y entre los latinos Plinio el Viejo, Cayo Julio Solino y Pomponio Mela. En cuanto al Basilisco, Plinio hace la que probablemente sea la mención más famosa de la bestia en su Historia Natural, repetida hasta la saciedad por autores posteriores y muchas veces malinterpretada o tergiversada. Otros autores que lo citan son Marco Anneo Lucano o el médico Dioscórides. Solino y Claudio Eliano hablan del monstruo en el siglo III y Arnobio y Aecio en el V. Aeliano introduce al gallo en el mito, detalle que crecerá en importancia hasta el punto de modificar enormemente a la criatura en la Edad Media.

A lo largo de la Edad Media, en Europa son comunes los bestiarios. Isidoro de Sevilla copia a Plinio con modificaciones propias en el siglo VII, cosa muy imitada en toda Europa y que hará que el conocimiento clásico se diluya tras una niebla de fuentes secundarias y malas traducciones, uniendo al Basilisco con otros seres como el Catoblepas o la Cocatriz. Antes del siglo X ya nos encontramos con leyendas de Basiliscos europeos, un animal que en la antigüedad era exclusivo de Libia, a excepción de unas pocas historias apócrifas. En el mundo musulmán también se observa esta utilización de las fuentes clásicas.

En 1.230 Bartolomé Glanvilla, conocido como Anglico, publicó De Proprietatibus rerum, la Historia Natural más popular del Renacimiento. En él se configura el mito medieval del Basilisco en su plenitud, su nacimiento y evolución, propiedades y forma de darle muerte. Esta información, junto a diversas leyendas de sucesos que van acaeciendo por Europa, son recogidas por múltiples autores, como Vicente Beauvais o Tomás de Aquino.

Con el Renacimiento y la aparición de las primeras luces de la razón, el enfoque de las ciencias naturales va tornándose más científico, y los conocimientos sobre los seres vivos se plantean de una manera más crítica; sin embargo, durante el siglo XVI se acepta ampliamente la existencia del Basilisco y lo verídico de sus propiedades, por lo que sabios y doctores se dedicaban a filosofar sobre el porqué de su veneno visual o la lógica de su extraño nacimiento. Así mismo, por toda Europa se sigue informando de desgracias causadas por esta bestia. En la Enciclopedia de Aldrovandi se observa el grabado de un Basilisco disecado, una falsificación común en la época que se fabricaba con los cuerpos de un pez ángel y una raya.

Durante el llamado Siglo de Oro, la literatura española aparece salpicada de referencias a la bestia, normalmente para compararla a la mirada de la amada. Lope de Vega, Quevedo o Cervantes usan a la criatura en sus textos.

Se dice que en la ciudad de Lima (Perú) durante el gobierno del virrey Conde de Superunda, nació en la calle del Huevo (hoy avenida Tacna) un Basilisco, augurio del Tsunami que destruyó el Puerto del Callao y afectó de igual manera la ciudad de Lima.

Así pues, el Basilisco, junto a muchos otros seres maravillosos, estaba plenamente integrado en el saber popular hasta bien entrado el siglo XVII. El último naturalista que mezcla animales reales e imaginarios es Jan Johnston y su Historiae Naturalis. En 1.728, Feijoo negaba que un animal pudiera matar con la vista, lo que provocó gran polémica, que no terminó hasta que lo ordenó un cansado Fernando VI en 1.750. No obstante, el vulgo siguió creyendo en esta sierpe y en sus malignas propiedades durante al menos otro siglo más.

Durante el siglo XX podemos observar el uso de los bestiarios tradicionales en las corrientes de literatura fantástica influenciadas por Tolkien, como la saga de Harry Potter de J.K Rowling, así como en el pulp, el cómic y la ilustración fantástica de autores como Frank Frazetta o Luis Royo.

- Fuente: Wikipedia. La enciclopedia libre

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